Una de las principales fuentes de interés cultural del municipio de Higueruelas proviene de su pasado como asentamiento. Originalmente fue denominada Masía de Higueruelas, siendo este título representativo de las higueras que poblaban las montañas en las que se conformó la masía. Se tiene constancia escrita de que, entorno a 1605, el municipio estaba compuesto por un reducido grupo de vecinos de Domeño que ubicaron en la zona un pequeño caserío con el fin de permanecer cerca de sus labores del campo. Ya en 1794 y a la voz de la expresión “Vamos a las Higueruelas”, los labradores que allí comenzaron a habitar, con cada vez más frecuencia, bautizaron al lugar a través de la costumbre y la cotidianeidad. No fue hasta Julio de 1825 que la población se independizó de Domeño, tras la concesión de una Real Provisión por parte de Fernando VII. Produciéndose así la separación administrativa y la instauración del municipio definitiva que ha cumplido recientemente 200 años.
En este proceso histórico Higueruelas fue numerosas veces enclave estratégico, tanto en las guerras carlistas como durante la guerra civil española. Muestra de ello son los diferentes Refugios y zona colindantes en las que se encontraron cientos de piezas y registros que se encuentran recopilados en el Aula Interpretativa de la Guerra Civil. Su posicionamiento geográfico la dotó de gran importancia tanto en el control fronterizo y el desplazamiento de tropas, como en la capacidad de guarecerse que conferían sus montañas.
Ahora bien, si hay algo que es visualmente característico del patrimonio de Higueruelas, es la Iglesia Parroquial de Santa Bárbara. Los primeros datos remontan igualmente a la época del 1605, encontrándose en la Iglesia de Villar en el “Quinque Libri”, que por estas fechas administraba la entonces ermita bajo la guía espiritual del párroco de la población de Villar. Se conoce que ya en 1744 tenía la población su propio párroco, el Vicario D. Jaime Roger, proveniente de Chelva. Ampliada entre 1901 y 1910, la ermita de plaza rectangular creció conservando su estructura original hasta convertirse en la parroquia que hoy podemos visitar.
En cuanto a otros referentes únicos, destacamos los yacimientos del Conjunto Ethno-arqueológico del Cerro de la Viña, cuyo origen data de la época romana del siglo 1d.C. De toda la Serranía Valenciana, se puede considerar a este vestigio romano como el segundo de mayor valor histórico y representación debido a su conservación de los hornos y otros elementos de sus construcciones.
Más cotidiano y reciente, pero no menos importante, es la conservación en perfecto estado y uso del lavadero municipal. Una muestra viva de historia, costumbre y cotidianeidad de la vida en el municipio, que si bien no tan concurrido como antaño, recuerda la importancia de la conservación de lo tradicional para que la identidad no sea solo un nombre, si no conocimiento, cultura y progreso.