Para acceder al conjunto arqueológico del Cerro de la Viña es necesario seguir por la ruta de senderismo " La Viga del Horcajo" PR-CV-367 . Unos 300 metros antes del conjunto encontramos las ruinas del Corral Blanco, corral con estructuración típica de la comarca, zona descubierta y cubierta con arcadas, con unas dimensiones de 16 x 16 metros. Está construido con mampostería y tapia, cubierta a dos aguas con madera de la zona, cañizo y teja. Se fecha en el siglo XIX.
El yacimiento arqueológico de Los Alfares Romanos de El Cerro de La Viña es el segundo vestigio de época romana más importante de La Serranía, por detrás del incomparable acueducto de Peña Cortada de Calles. Se han conservado dos hornos romanos de producción cerámica del siglo I d.C. con elementos de construcción relacionados, además se ha localizado parte de las estructuras de la zona artesanal: los secaderos de piezas, fosas vertedero, los almacenes-talleres y las dependencias para los esclavos.
Zona de hábitat romano
A mediados del siglo I d. C., en época del emperador romano Claudio, se ubica en este lugar un centro alfarero. Para obtener materiales de construcción cerámicos como tejas y ladrillos, y con el fin de abastecer a las villas romanas de la zona y a la villa romana propietaria del alfar, ubicada unos 500 metros más al Norte. Además se fabricaban los utensilios cerámicos de uso cotidiano, pero ya no para exportarlos sino para uso de los trabajadores y señores de la villa.
Así, se documenta un edificio relacionado con la zona de almacenes y de hábitat de los trabajadores del alfar romano. Las estructuras sufrieron daños importantes por los procesos agropecuarios del siglo XIX y XX, los cuales arrasaron la mayor parte de los elementos arquitectónicos. Esta construcción tendría la entrada por la parte sur. Sus muros eran en su base de mampostería trabada con tierra y encima se apoyaban ladrillos de adobes —mezcla de arcilla y paja secada al sol pero sin cocer. A la entrada del edificio había una zona porticada, lo que explica que desde los muros perimetrales partiese un tejado de tégulas planas típicas romanas a un agua, que se inclinaba hacia el centro de la zona porticada. Así, el agua de lluvia se recogería para darle un uso doméstico y quizás artesanal. En la parte norte del edificio se accedía ya a las dependencias de los esclavos donde se realizaban labores artesanales y donde vivían.
Fuera del edificio pero muy cerca aparecieron los restos de una fosa ubicada excavada en la roca geológica, para rellenarla de desperdicios. Es aquí donde los habitantes del siglo I d. C., que permanecieron en el Cerro La Viña, hasta el principio del siglo II d. C., echaban su basura tanto orgánica como inorgánica. Esta práctica dejó restos de cerámicas, para ellos ya inservibles, porque estaban rotas y para nosotros piezas valiosas porque nos explican sus actividades, nos ofrecen una cronología, nos permiten asociarlas a una cultura y por su valor estético. Así en esta fosa se hallaron fragmentos de cuencos, jarras, pesas de telar, morteros, cazuelas, vasos, ollas.
Los alfares
El terreno actualmente vallado alberga dos hornos y un secadero, partes esenciales en este tipo de instalaciones. Todos los alfares romanos cuentan con una zona de secado. Los hornos, provisionalmente tapados por cuestiones de conservación, están construidos inmersos en la roca geológica, para mantener mejor el calor, así el primer trabajo al construirlos fue excavar unas fosas. Seguidamente se colocaron los muros perimetrales y arcos de la cámara de combustión de adobes que sujetan la parrilla. Esta es de planta rectangular y cuenta con una serie de orificios para que los gases provocados por el fuego pasen de una cámara a otra. Las dimensiones de la parrilla son de 3,90 metros de Norte a Sur y 3,70 metros de Este a Oeste.
Otra parte del horno es el Praefurnium, excavado en la roca geológica, con anchura de 1,50 metros. Tiene forma de pasillo y desde ahí se cargaba la madera hacia la cámara de combustión.
Y al lado de los hornos se puede observar el Corral de pastores de Rodríguez. Es una construcción de finales de siglo XIX o principios del siglo XX. Representa muy bien la tipología típica de corrales en la Serranía, que se llamaba "arquitectura sin arquitecto".
En su primera fase, el Corral de Rodríguez, contaba con una zona descubierta para ganado y otra zona cubierta para el pastor y parte de ganado. Se accedía a él a través de dos arcos. En su parte interior contaba con una serie de cuatro arcos de medio punto, un hogar, una chimenea, unos estantes, y un abrevadero. Con el paso de tiempo, el Corral de Rodríguez, seguramente por cuestiones de herencia, se dividió en dos partes, lo que llevó a la desaparición de la zona Oeste. La zona Este fue utilizada como corral hasta el principios de los años 60.
Los propietarios de los corrales eran agricultores que dejaban que los rebaños estabulasen en ellos un tiempo y en contrapartida se quedaban con el estiércol.
Fue reconstruido intermitente desde el año 2003 hasta el año 2010.