El pueblo más joven de La Serranía se asienta en medio de una hoya presidida por las inmutables Peñas de Dios, cantiles de roca caliza que han quedado casi colgados de las denudadas montañas. A éstas les debe no sólo la bella estampa que imprimen a su entorno, sino también sus principales medios de vida. Tanto la fértil tierra agrícola, la cual motivó el asentamiento humano original, como el apreciado mineral, que sigue extrayéndose en esta zona, constituyen los principales valores geográficos de estas milenarias montañas. Aunque acusado por la actividad minera, el paisaje se caracteriza por sus variopintos y peculiares atractivos: fabulosas pinadas, árboles monumentales, embriagadoras y majestuosas sendas, fuentes de vital valor histórico por su generosidad y opulencia, y una diversidad de parajes para descubrir: como los asentamientos iberos o los hornos romanos. Sorpréndete con el patrimonio de un pueblo vivo que cuenta con unas tradiciones bien arraigadas y una población que ha heredado ese vigor cultural manifiesto en sus proyectos y actividades, que abarcan todo tipo de ámbitos e intereses.
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